E-102 -Tartrazina: un colorante alimentario atractivo, peligroso, pero reemplazable

Los aditivos alimentarios englobados dentro del grupo de los colorantes, son aditivos verdaderamente inútiles. Debido a que, a menudo sólo pretenden hacernos creer que un alimento en particular es mejor de lo que parece en realidad, así como más atractivo y más apetecible.

El verdadero problema es que los colorantes están en casi todos los alimentos que ingerimos, mucho de los cuales precisamente identificamos o relacionamos con el color que presentan.

En algunos países existen más conciencia pública y estatal con respecto a los alimentos, como es el caso de los países nórdicos, en los que están prohibidos casi todos los colorantes de origen sintético, si bien, en los E.E.U.U. sólo se ha autorizado el empleo de 9 frente a los 23 de España.

Los más problemáticos por sus riesgos para la salud son los colorantes azoicos (E102, E110, E123, E124, E154 y E155); la cochinilla (E120); la azorrubina (E122); el amaranto (E123); la eritrosina (E127); E129; E133; E155; el caramelo (E150); el negro brillante (E151); colorante negro (E153); carotenoides (E160) y el dióxido de titanio (E171).

Para dimensionar la  cantidad de alimentos en los que están incorporados, se calcula que un niño promedio, al cumplir la escasa cantidad de 12 años, ha ingerido más de 2 kilogramos de “inocentes” colorantes.

¿Qué es la tartrazina?

La tartracina o tartrazina (en inglés tartrazine) es un colorante sintético o de origen artificial ampliamente empleado en la industria alimentaria.

Pertenece a la familia de los colorantes azoicos, es decir, los que contienen un grupo “azo”, que químicamente se representa como −N=N−. Este tipo de colorantes (azoicos) derivan del petróleo.

Se presenta en forma de polvo, siendo soluble en agua, en la que se torna de un color más amarillo cuanto se disuelve en ésta.

Este aditivo aumenta su importancia comercial porque, además, de los tonos amarillos-anaranjados, al ser mezclada con otros colorantes, como el azul brillante (E133) o el verde S (E142da origen a diversas tonalidades verdosas.

Como colorante posee los siguientes códigos y/o sinónimos:

E-102 (Unión Europea), Amarillo 5 (en la mayoría de los países hispanoparlantes) o Yellow 5Acid Yellow 23Food yellow 4( dado por la FDA de los E.E.U.U.​), cl 19140 (para el Colour Index International), además de figurar como tartrazina en las etiquetas.

Alimentos que contienen E102

Los productos alimenticios que contienen E102, incluyen a un amplio listado de aquellos que son de color amarillo o verde, o que se espera que posean una tonalidad marrón o crema.

Listado de alimentos que pueden contener tartracina:

  • Postres, dulces y golosinas varias: Helados y rellenos para helados, bombones, chicles, gelatinas, polvo para preparar postres, chocolates rellenos, rellenos para postres, flanes, caramelos, chicles, gominolas, gelatinas, alimentos a base de cereales, barras de cereales y granola, entre otros.
  • Productos de panadería y repostería: Bizcochos, galletitas, tanto con o sin relleno. Tortas, budines y otras masas reposteras.
  • Bebidas: Bebidas alcohólicas, refrescos, gaseosas, bebidas energéticas e isotónicas.
  • Snacks: Tortitas de maíz, patatas fritas, palomitas de maíz, etc.
  • Condimentos y preparados para cocinar: Salsas, mostaza, colorante alimentario amarillo o colorantes para paellas, como un “azafrán artificial”. Sopas instantáneas, ingredientes para guisos, salsas, caldos para saborizar, purés, pastas, conservas vegetales, derivados cánicos como salchichas y embutidos, entre otros.

Cómo afecta la tartrazina al organismo: sensibilidad e intolerancia

Desde que en el año 1959 se describió por primera vez un cuadro de urticaria que fue relacionado con la ingesta de tartrazina, se han reportado más casos de urticaria, lesiones purpúricas, anafilaxia y en general, reacciones alérgicas y de intolerancia en variado grado, debido a este y otros colorantes del grupo de los compuestos azoicos.

Si bien se han notificado casos de reacción alérgica o intolerancia a la tartracina, con una muy baja incidencia baja (1 de cada 10,000), aumentando su manifestación entre personas que son hipersensibles o alérgicas a la aspirina (ácido acetilsalicílico),​ pudiendo llegar en este caso, hasta el 2,6 % de la población, si bien algunos autores hablan de hasta un 10% de la población que puede ser susceptible. El mecanismo que origina esta sensibilidad cruzada no está del todo claro, ya que, no existe una relación en cuanto a composición química entre ambas moléculas.

Estudios epidemiológicos llevados a cabo en Francia han determinado que la prevalencia de la intolerancia a la tartracina se encuentra alrededor del 0.12 % de la población general. De la misma forma, existen datos que señalan a este aditivo como un compuesto que podría afectar a las personas asmáticas,  al actuar como un agente alergénico. Aunque otros estudios niegan cualquier efecto adverso de la tartracina, tanto en alergias cutáneas como respiratorias.

Se ha visto que el consumo constante de alimentos que contienen tartrazina puede tener un efecto sumatorio de su concentración dentro del organismo. Llegando ocasionar alergias como rinitis o picazón cutánea y tos espasmódica. Así como, fluctuaciones en los estados anímico, cuadros de hiperactividad, ansiedad y trastornos del sueño.

En definitiva, si bien los efectos secundarios a la ingesta de este colorante en general, no ponen en peligro la vida del individuo. Sí pueden comprometer su calidad de vida, dada la incidencia de estas reacciones en la población general o en grupos especialmente sensibles como los asmáticos o alérgicos en general.

Tartrazina

Otros efectos de la tartrazina (E102)

Los colorantes azoicos han sido cuestionados en reiteradas ocasiones, por varias investigaciones, debido a que, muchos compuestos derivados pertenecientes a  esta familia (no aquellos que han sido autorizados para uso alimentario) han demostrado ser cancerígenos.

Una diferencia fundamental que ha sido observada entre el grupo de los colorantes considerados cancerígenos es que son compuestos poco polares, con capacidad de ser solubles en grasas del cuerpo humano. Y atravesar con cierta facilidad la barrera de células intestinales, propiedades que le permiten incorporarse al organismo.

En cambio, los colorantes autorizados, dentro de sus cualidades están el ser muy polares y solubles en agua. Además, de no absorberse a nivel intestinal. En cuanto al caso puntual de la tartracina, los estudios científicos realizados hasta la fecha no han demostrado ningún efecto cancerígeno.

Lo que sí hay que dejar claro que, los efectos nocivos de la tartracina en la salud humana son controvertidos. Un estudio científico que buscaba evaluar distintas mezclas de aditivos alimentarios ha logrado relacionar a la tartracina con el aumento en la incidencia del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en infantes, si se utilizaba en combinación con los benzoatos (E210-215).

Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, en un estudio realizado en el año 2009 indicó que estos datos no suponían pruebas concluyentes y que, la realización de estos estudios se evidenciaba serias falencias de índole experimental. Por lo que, concluyó que la tartracina en las concentraciones aprobadas por la Unión Europea no suponía un riesgo para la salud humana. ​A pesar de ello, el Parlamento Europeo aprobó una ley con fecha julio de 2008, que exige que los alimentos que contienen los colorantes alimentarios estudiados deben ser etiquetados con la leyenda: «pueden tener un efecto adverso sobre la actividad y la atención de los niños».

Lo que actualmente se sabe es que la tartrazina corresponde a uno de los principales culpables de los cuadros de hiperactividad en los niños, ya que, es el colorante de tono rojo-amarillento más utilizado en productos procesados y gelatinas de ingesta común en este grupo etario, como son las gelatinas, jugos artificiales, bebidas gaseosas, jugos, conservas varias, chocolates  y caramelos.

Este compuesto afecta de manera directa a la conducta de los pequeños a través de dos mecanismos: genera una reacción pseudo-alérgica en el organismo, con la liberación de histamina. Que es un compuesto que se está presente en todas las células del organismo y, que en condiciones normales se libera como respuesta del sistema inmunológico ante una alergia o inflamación. Pero, cuando la tartrazina llega al torrente sanguíneo afecta directamente a las células para que liberen histamina, pero sin ocasionar la activación del sistema inmunológico.

Por ello, no se manifiestan los síntomas propios de la alergia como son la dilatación de capilares, incremento de la secreción gástrica, hipotensión (baja en la presión sanguínea) y picazón. Pero sí se muestran cambios en los estados anímicos, insomnio, irritabilidad y ansiedad en la población infantil.

Paralelamente, la tartrazina actúa a nivel cerebral, alterando los espacios sinápticos (donde se realiza el intercambio de información entre dos neuronas), lo que lleva a síntomas similares: falta de concentración, somnolencia e hiperactividad. Es decir, todo el cuadro de un síndrome de déficit atencional y puede además asociarse a cefaleas (dolores de cabeza).

En caso de ser un consumidor habitual, por ejemplo de jugos artificiales, estos síntomas se pueden hacer evidentes en el niño. Si ingiere jugos en sobre a diario y de a poco, su conducta va modificándose paulatinamente, como por ejemplo, cada vez le puede costar prestar atención en clases y permanecer quieto, que se puede además, sumar a un intenso dolor de cabeza. Los llamados “jugos naturales” distan mucho de ser naturales, su base es agua, más “sabor y color idéntico al natural”, con un agregado importante de azúcares y los colorantes artificiales como la tartrazina, entre otras sustancias, que son sintéticas, en gran parte.

La tartrazina, ha llegado a ser un colorante permitido para la industria alimentaria, si bien es reconocido que hay permisividad por parte de las autoridades sanitarias, para que cada empresa de alimentos maneje niveles considerados sub-tóxicos, los que son permitidos porque su concentración no es considerada letal. Pero volvemos a la idea anteriormente expuesta, que si comemos y bebemos en un solo día varios productos alimenticios que contienen estos colorantes, se podría alcanzar en el cuerpo concentraciones toxicas o patológicas.

Legislación

En 1979, la agencia estadounidense que vela por la calidad de los alimentos y fármacos  de los E.E.U.U., la FDA, exigió que la tartrazina fuera mencionada en el listado de  los ingredientes en la etiqueta de los productos alimenticios.

Todos los alimentos que contienen tartracina y son comercializados en la Unión Europea deben incluir en su etiquetado. Además, una indicación explícita de su presencia, una leyenda donde se lea claramente: E102 (o tartracina): puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños. El uso de la tartracina está prohibido en Noruega, y lo estuvo en Austria y Alemania hasta que la prohibición fue revocada por una directiva de la Unión Europea. En 2008, la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido solicitó la eliminación voluntaria de la tartrazina, junto con otros cinco colorantes, debido al vínculo reportado con la hiperactividad en niños.

Cómo se puede reemplazar la tartrazina

Si empleas algún tipo de colorante en tus alimentos, como por ejemplo, el arroz, asegúrate de que es el auténtico azafrán, de origen natural y no una imitación barata. Si bien el costo del azafrán puede ser muy superior al empleo de los de origen artificial, sus beneficios para la salud son ampliamente reconocidos y pagarán con creces la ganancia en bienestar y salud.

Existen otros compuestos coloreados de origen natural que pueden sustituir la tartracina, como son por el del achiote, la cúrcuma, el betacaroteno o el ya mencionado azafrán.

Consideraciones finales

En la industria alimenticia “las apariencias lo son todo”, por lo que, sus esfuerzos, muchas veces, en vez de ir dirigidos a mejorar la calidad del producto, van enfocados a disminuir los costos de producción. Pero, otorgando un aspecto atractivo, tentador y adictivo, destinado a aquellos grupos etarios “vulnerables”, como es el caso de la población infantil, a quienes el colorido intenso y variado resulta ser un “anzuelo” muy poderoso, que sumado a la falta de conocimiento y/o conciencia de los padres, permite que los consuman de forma habitual  sin restricciones, o peor aún, como un premio a determinadas conductas o éxitos académicos, deportivos o de otra índole.

Pese a formar parte de esta era de la superabundancia de información, aún seguimos siendo unos internautas desinformados o falsamente informados, que no hacemos valer nuestros derechos como consumidores a consumir alimentos más saludables y preferimos ir al médico o automedicarnos, en lugar de ver que nuestros verdaderos problemas se encuentran muchas veces en la comida repleta de tóxicos que ingerimos alegremente.

Además, no basta solo por leer y ser “doctos” o al menos informados en alimentación, también hay que levar esos conocimientos  a la práctica y no dejarnos arrastrar por la comodidad de consumir productos tan elaborados (y tan aditivados) o caer en la autocomplacencia y goce sensorial que nos permiten exaltar los sentidos, especialmente el visual.

 

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