Todo se refleja: Somos lo que comemos


La frase “somos lo que comemos” no es un slogan publicitario, sino la consecuencia de ciertos factores que definen nuestra calidad alimenticia: el estilo de vida (cuan activos o sedentarios somos), el país donde vivimos, la cultura gastronómica, nuestros gustos y desagrados por los alimentos, cuando somos consciente de esto podemos cambiar el “somos” por lo que “queremos ser”.

Entendiendo la frase: Somos lo que comemos

Lo primero que debemos comprender en la frase Somos lo que comemos es que nuestros hábitos alimenticios pueden anclar al resto de la familia de manera positiva o negativa, dependiendo de la calidad de nuestra dieta y de las costumbres alimenticias. Así mismo, los requerimientos de los integrantes de la familia son distintos, más cuando niños y ancianos conforman parte de nuestro núcleo familiar. Los productos lácteos por ejemplo son indispensables en la dieta de niños (por el crecimiento  y fortalecimiento de la estructura ósea de estos), más sin embargo, en adultos y ancianos la leche entera puede no beneficiarles tanto, siendo una mejor opción la leche baja en grasa que contribuirá además a mantener un peso ideal y a no afectar las vellosidades intestinales que se van perdiendo con los años y que causan cólicos estomacales, porque el cuerpo ya no procesa la leche como en los primeros años de vida.

Comprender el valor de nutritivo de los alimentos nos hace conscientes

Somos-lo-que-comemosEl valor nutritivo de los alimentos nos vuelve consciente de lo que somos y esto se ve reflejado en nuestro peso y características corporales. Ser conscientes de los alimentos que conforman el grupo de proteínas, carbohidratos, grasas saludables, fibras, azúcares y grasas trans, abre un abanico de posibilidades saludables para seguir o sustituir en el caso de que nuestro cuerpo grite que nos hace falta cambiar nuestras costumbres alimenticias. Los vegetales y las frutas por ejemplo, son necesarios en la dieta de cada uno de los integrantes de la familia. Las proteínas son fabulosas siempre que se consuman en su justa medida y los carbohidratos pueden jugarnos en contra si los adoptamos como acompañantes eternos de nuestras meriendas y las dejamos acumularse en nuestro cuerpo. Los cereales aportan fibra y con esto se beneficia el sistema digestivo e intestinal de toda la familia, sabemos que un sistema digestivo-intestinal estancado intoxica al cuerpo, comprometiendo nuestra piel y órganos internos (como el colon). En resumen, la correcta utilización de macronutrientes (proteínas, carbohidratos y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales) nos hará decir con orgullo que Somos lo que comemos.

Sustituir lo que hace daño es actuar con inteligencia

Los carbohidratos aportan energía al cuerpo, pero la mayoría de ellos se convierten en azúcares, que si no son quemados con actividad física se transforma en grasa corporal, en este caso es aconsejable sustituir los azúcares y grasas por la fructosa proveniente de las frutas o las grasas mono insaturadas de ciertas frutas o vegetales como el aguacate. Preparar meriendas a partir de frutas, yogurt, cereal y frutos secos e invitar a los vegetales a nuestras cenas, es actuar con inteligencia en pro de conseguir un cuerpo que se vea y se sienta saludable.

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